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Proyecto Queer
Queen Kong (¡hay que quitar las cadenas a las mujeres directoras!) 2006
Sala Rekalde
LAS FRONTERAS DEL GÉNERO / PROYECTO QUEER

Desde que Judith Butler publicara en 1990 Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity los debates sobre la cuestión del género y la identidad sexual se han acrecentado sobremanera. Muy citado, y no tan bien comprendido, debido en parte a una redacción abstrusa, Gender Trouble (El género en disputa en su traducción en castellano), ha estado en la base de un buen número de foros de discusión y de plataformas críticas respecto a la uniformidad identitaria y de sus posibles alternativas. Obviamente el ensayo de Butler, y otros publicados en su mismo país, surge de una realidad social, política y sexual como la de Estados Unidos fraguada a lo largo del tiempo justamente en el atrincheramiento identitario, comprensible de alguna manera dado que las comunidades étnicas y de otro tipo, minoritarias, buscaban en un discurso común una vía de cohesión y de unión frente a las agresiones y el poder de la hegemónica mayoría blanca, masculina y heterosexual. Una mayoría sustentada también en el manejo de los recursos económicos de que disponía este conglomerado orquestado sobre los cimientos de la raza, el género y la orientación sexual, aunque no siempre todos estos componentes coincidan en una línea continua y coherente.


Proyecto Queer Proyecto Queer Proyecto Queer
Nan Goldin
Trixie on the ladder
Colección Rafael Tous
Nobuyoshi Araki
De la serie Voyage Sentimental
Colección Rafael Tous
Tom of Finland
Dibujos
Galería Espacio Mínimo
 

El texto de Butler vino precedido de algunos artículos de la misma autora indicativos de la dirección que emprendía su pensamiento desde la segunda mitad de los ochenta. Se trataba de estudios sobre el sexo y el género en la obra Le deuxième sexe de Simone de Beauvoir, y también en las teorías de Monique Wittig y Michel Foucault. En estos años el feminismo se empezaba a cuestionar la estabilidad del sujeto femenino, sus supuestos fijos, compactos e inamovibles y Butler abundó en esta materia al mismo tiempo que retomaba las ideas de Foucault en las que se desmarcaba de la idea de que el sexo era una entidad determinada biológicamente. Con ello pretendía llegar a la conclusión de que el sexo y la sexualidad estaban construidos según el ámbito cultural y social.
Joana Vasconcelos
Twins
Galería Elba Benítez
Proyecto Queer

Paralelamente, también en 1990, se publica un libro importante, Epistemology of the Closet, de Eve Kosofsky Sedgwick, bastante menos conocido y leído en España a pesar de estar disponible en castellano1. Un estudio que explora una serie de axiomas a partir de textos literarios de Proust, Nietzsche, Henry James y, entre otros, Oscar Wilde para demostrar que en la misma trama de literaturas de referencia en la cultura occidental subyace la presencia de las identidades sexuales, la fantasía sexual que no se acomoda a las reglas dominantes y también la ocultación de la homosexualidad. La autora que se definía entonces como soltera, mujer gorda, heterosexual, feminista y sexualmente incorrecta 2 formaría con el tiempo parte del listado de pioneros de la teoría queer precisamente por representar a un sujeto disconforme con los géneros marcados a sangre y fuego.
He señalado estos dos libros de Butler y de Kosofsky Sedgwick pero podrían añadirse otros y no todos ellos escritos en inglés (por ejemplo las valiosas contribuciones de Beatriz Preciado y de Javier Sáez) para señalar la importancia de un pensamiento que se ha ido desparramando en distintas esferas de conocimiento y a través de distintas disciplinas, y que incluso ha recibido advertencias destacadas, entre ellas las de Teresa de Lauretis, quien primero mencionó la viabilidad de la teoría queer en 1991, y que posteriormente, en 1994, llamaría la atención sobre los peligros de adocenamiento en las universidades y en otros santuarios del saber. Esto constituía un toque de atención ante la posible despolitización y frivolización comercial del fenómeno queer.
Desde la atalaya que posibilita escribir estos papeles en 2006 resumiré las principales aportaciones queer: la relevancia de la parodia gestual para hipotecar la naturalización de las actitudes; el énfasis puesto en la performatividad de los actos y los comportamientos; el saludable recordatorio de las sujeciones que sufre el sujeto frente a una noción un tanto falaz de la libertad completa del individuo; el análisis de los discursos del odio (sobre todo la homofobia); la constatación de que el género es un efecto del discurso en vez de su causa; la definición de que el sexo es el género y al revés y que por tanto que la distinción carece de sentido, y de que ambos son resultado del tabú sobre la homosexualidad, de mayor calado que el del incesto; la afirmación subrayada de que el género no es lo que uno es sino lo que uno hace, una secuencia de actos; la idea brillante de que el género es una copia de un original que no existe.
Con este bagaje, y a pesar de los malentendidos que se han suscitado a partir de cierta simplificación de la teoría queer, por ejemplo la idea extendida de que las transformaciones de género son tan sencillas de llevar a cabo como cambiar de atuendo (por supuesto no es así) parece razonable deducir que una de las consecuencias más fructíferas de estos planteamientos ha sido la visibilidad de la transexualidad, de las culturas transgenéricas y de las realidades proteicas del sujeto intersexuado. En el campo artístico la obra de Del LaGrace Volcano y las interpretaciones de Judith Halberstam aportan nueva luz sobre la masculinización femenina y los cuerpos intermedios (hermafroditas) que la ciencia rechaza y pretende modificar3 desde la base de una adecuación forzosa y forzada a un dogma genital. Otras contribuciones jugosas y plagadas de mérito en este terreno se recogieron en la exposición 1-0-1 Intersex (Berlín, Neuen Gesselschaft fur Bildenden Kunst, NGBK, 2005).
En los últimos años en las sociedades globalizadas, a falta de mejor término, sumidas en la cultura del consumo de la información veloz, aunque con desfases y desniveles según países y clases sociales, se están viviendo procesos y formaciones sociales harto contradictorias. Por un lado se constatan cambios legislativos y sociales, de mayor o menor calado, que han vivido algunos países occidentales (Holanda, España, Bélgica, Canadá…) con la aprobación del matrimonio homosexual y el derecho a la adopción. Este cambio sin duda significativo, inclusohistórico, que desató la inquina y la reprobación de la Iglesia católica ha generado sin duda una mayor presencia de formas de vida de gays y lesbianas en los medios de comunicación y en la vida cotidiana y una divulgación de una aspiración del colectivo homosexual a la ansiada normalización. De alguna manera si el matrimonio simboliza alcanzar la respetabilidad este efecto supondría separar y apartar a gays y lesbianas del ámbito deleznable de la vergüenza y de la injuria en que les habían arrinconado los discursos hegemónicos heterosexistas. Por otro, en esas mismas sociedades globalizadas, en parte debido a la llegada de gentes y poblaciones de culturas de fuerte arraigo religioso, a veces incluso de corte puritano, están haciéndose visibles a marchas forzadas manifestaciones propias de otros tiempos y de distinta significación y peso como la práctica ominosa de la ablación, la poligamia, el brutal control patriarcal sobre la vida de las mujeres. Además, y debido a los flujos informativos, la visibilidad de conductas y comportamientos que atentan contra los derechos humanos como las violaciones por razones de honor, la lapidación de adúlteras en Nigeria, el repudio de mujeres quemadas con ácido en Bangladesh, el ahorcamiento de homosexuales en Irán, despiertan a veces el interés de la prensa occidental y sobre todo de algunas organizaciones no gubernamentales laicas. Tal vez algunos creyeron demasiado pronto que Dios había muerto pero parece estar bastante vivo a la vista de las soflamas del Papado y de las consecuencias de la sharia vinculadas y originadas en muchas ocasiones con un trasfondo relativo a las marcas y divisorias de género y relaciones también con el tabú de la sexualidad.
Difícil parece lidiar con realidades tan opuestas, tan diferentes que sin embargo cohabitan de alguna manera y no sólo en el espacio cambiante y desordenado de Internet, sino en las calles y barrios de muchas ciudades. La polarización que se puede observar entre los avances sociales señalados (matrimonio homo, adopción, visibilidad), que no significan ni de lejos el fin de la homofobia y al transfobia, y el atraso de prácticas discriminatorias en las que las mujeres y los/as homosexuales tienen todas las de perder permite preguntarse el sentido de buscar una alternativa desde bases queer. ¿Es posible acaso encontrar ecos de esas entidades movibles, indefinibles, transitivas en las prácticas artísticas y culturales del universo sexual árabe? Si se piensa en la función social que cumplen los travestís de la plaza de Djemaa el-Fna de Marraquech podría pensarse que sí, pero si se considera la doble moral que impide aflorar el deseo homosexual o el de las lesbianas marroquíes las dudas que surgen son muchas. ¿Tiene sentido planteárselas cuando en países como Arabia Saudí las mujeres no pueden votar ni trabajar fuera de casa? Obviamente la existencia de políticas oprobiosas y opresoras respecto de las mujeres en muchos países musulmanes y también en algunos países cristianos (recuérdese el maltrato y la violencia machista), no supone frenar el espectro de logros sociales y del potencial transformador y crítico que dimana del proyecto queer. Sin embargo, una dosis de mayor realidad, que no de posibilismo, un mayor nivel de incidencia y de conocimiento de las formaciones sociales integristas que viven y crecen en Occidente, y un constante y contumaz cuestionamiento de la normalidad en todas sus formas parece necesario para revitalizar el alcance del proyecto queer.

Juan Vicente Aliaga
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