Con un marcado sentido del humor, y como si del cuento de Blancanieves se tratara, el espectador al acercarse a este espejo puede escuchar cómo es insultado con la palabra “fea”. Se trata de un espejo mágico que certifica, en teoría, la verdad. Un guiño a esa competitividad tradicionalmente arraigada en las mujeres. Una obvia alusión a los concursos de belleza y a lo banal del culto al cuerpo tan presente en nuestros días.
Esta obra supone una deconstrucción de lo que históricamente es un espejo. Una referencia simbólica a la propia feminidad, así como a la búsqueda de nuestra identidad a través de lo reflejado. La obra de esta artista cuestiona, en la mayoría de los casos, los comportamientos colectivos y el modo de asimilación de la cultura popular.
Tania Pard
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