Witkin aborda desde el principio de su carrera el tema del otro centrándose en los otros que llevamos dentro: los que no somos pero que podíamos haber sido (enanos, gente deforme) y los otros que podemos ser en potencia, a través de metamorfosis de nuestro cuerpo deseadas o no (transexuales, tullidos), o que vamos a ser tarde o temprano (cadáveres). El Witkin oscuro, morboso, y extraño que en un primer momento se forma en nuestra cabeza tras la contemplación de sus imágenes, resulta ser en realidad un artista comprometido con su mundo, alguien que ha seleccionado un pedazo de realidad para obligarnos a verla a pesar de nuestro rechazo instintivo hacia lo que él nos muestra. Su trabajo supone un intento de escarbar en los prejuicios y espejismos de la sociedad actual para recordarnos lo que somos, una llamada de atención necesaria a pesar de su crudeza.
En esta ocasión las piezas seleccionadas hacen referencia a la diferencia sexual como tema principal. Son fotografías de transexuales, deformes, practicantes heterodoxos, una serie de personajes marginales, pero reales, que existen y que no tienen ninguna culpa de ser de esa forma, pero que se sienten terriblemente denostados por la sociedad que les ha creado. |